EJERCICIO EN EL PACIENTE CON DOLOR

El ejercicio terapéutico es una herramienta fundamental para aplicar a los pacientes. Siempre nos hablan de los beneficios que éste tiene. Y no falta razón.

Pero… ¿cómo puede mi paciente hacer ejercicio y seguir con dolor? ¿acaso no es bueno?

El ejercicio se aplica desde una etiqueta médica o de fisioterapia, sin conocer realmente la fuente en la mayoría de los casos. Esto es un problema muy grande. A una etiqueta (manguito rotador) se le aplican unas normas (fuerza, a X repeticiones) y muchas correcciones (gira el codo, levanta más el brazo). Llegan los fracasos. Pero es normal, realmente no sabemos si está habiendo correlación entre el ejercicio pautado y ese dolor. El profesional prefiere mirar a otro lado y seguir con esa falsa seguridad de diagnóstico-ejercicio. Si aquello no mejora, se le echa la culpa al paciente.

Quizás es hora de cambiarse de gafas para mirarlo todo de otra manera.

No hace falta leer mucho para darte cuenta de que la evidencia actual es clara respecto a este tema: hay mucha investigación del ejercicio en la persona sana, algo en el animal con dolor, y muy poca en el humano con dolor. Esto es importante.

Conozco a fisioterapeutas que se pasan todo el año metidos en un laboratorio, aplicando los resultados obtenidos en clínica, para intentar correlacionar X ejercicio con el dolor del paciente Y. Los resultados (y conclusiones) son realmente complejos para ellos en este tema. La persona sana y el animal no es el paciente con dolor.

Me pregunto qué pensarán cada vez que navegan por internet o RRSS y ven falsos consejos como: “¿tienes una hernia discal? Haz core y acaba con tu dolor de espalda” “¿sufres de dolor de hombro? Haz fuerza y mejora tu manguito rotador” “¿no sabes qué ejercicio hacer para acabar con tus dolores? Escríbeme y te lo cuento…” La ignorancia sí parece ser muy atrevida.

El 99% de información que obtenemos en Google, Instagram o TikTok sobre la relación entre el dolor y el ejercicio es realmente falso. O por lo menos se ofrecen conclusiones que aún no han sido demostradas.

Después de muchas lecturas, creo en 3 puntos importantes para trabajar con el paciente con dolor:

1-Analizar el punto de partida, entender la evolución y ser realistas con el estado final:

1.1-Los casos más graves de dolor tienen peor pronóstico después de un programa de ejercicio largo, pero es un candidato asegurado en conseguir una mayor mejora en comparación con el paciente de dolor y/o patología más leve. Es lógico: si has sufrido un proceso realmente doloroso mejorarás mucho más que aquel que tiene algo leve, aunque tu estado final no sea tan bueno. El que está relativamente bien, evidentemente, tiene menor margen de mejora, pero su estado final será mucho mejor.

Esto merece la pena recordarlo, y más en aquellos pacientes que se obsesionan (o los obsesionamos) con que “no mejoran” o “no llegan a tener un dolor 0”.

2-La salud no es no tener dolor, no es conseguir un dolor de 0.

2.1- Hemos pasado de la sociedad del bienestar, a la del malestar. Hemos creído que tener dolor (hasta el más leve) es perder la salud. También estar enfermo, o sufrir algún proceso patológico es perder la salud. Desde esa visión, es normal caer en la creencia de “me merezco estar bien” o, lo que es peor, “me merezco no tener este dolor”. Esto está muy estudiado y es una tendencia antropológica, un problema cultural de nuestra sociedad. Posiblemente la prescripción de ejercicio debería escapar de ese modelo centrado en la enfermedad o dolor. No es que se pueda vivir con dolor, es que hay momentos de la vida que se debe vivir con dolor. Para subrayarlo: si hay momentos de bienestar y alivio, es porque anteriormente tuviste momentos de malestar y dolor. Hay binomios que son inseparables.

3-No es “qué ejercicios hacer”, sino que es “conseguir hacer”:

3.1- Si no hay mucha evidencia, no es tan sencillo pautar qué ejercicios se deben hacer. Y somos los reyes en explicar ejercicios. O eso creemos. De hecho sabemos que no es tan importante qué ejercicio, sino conseguir hacer. Y menos aún corregir (más fuerza, estira, sin agacharse, 5 repeticiones, sacar la pelvis, rota la rodilla…). No tiene ningún sentido. Si estás con dolor, céntrate en cómo hacer (cómo organizarme): si hago ejercicio que sea en equilibrio, ni mucho ni poco (aquello que se tolere y que no me deje irritado pasados los 2 días). Recuerda que habrá dolor durante el proceso y que la aparición de la misma no significa volver a la casilla de salida. Si soy una persona que mi rutina me exige mucha actividad de fuerza, quizás debo no hacer, descansar. Por mucho que esté de moda no todo es hacer fuerza. Debo valorar si soy candidato a hacer más entrenamiento aeróbico si apenas me muevo entre semana. O quizás estirar más. O no, porque nadie me asegura que el dolor desaparezca. Piensa en los objetivos que te pones, e intenta ser realista en base a tu situación socio-económica.

Si todo esto no te convence, puedes empezar a analizar cómo se pauta el ejercicio en nuestra sociedad y a hacer crítica para sacar tus propias conclusiones sobre lo comentado arriba.

Darle una vuelta merece la pena.

Joseba,

Comparte:

Artículos relacionados

Ir al contenido